Como sobrevivir a la vecina del quinto en el ascensor. Compartir



Unos pocos privilegiados habitan en chalecitos adosados a las afueras de las ciudades, pero casi todos nosotros vivimos en edificios enormes apiñados como ratones de laboratorio, y en unas alturas que dan vértigo sólo de pensar en ellas, así que no nos queda más remedio que utilizar a diario esos diabólicos artefactos denominados ascensores.

En apariencia no puede ser un invento más sencillo: Se deja un hueco dentro del edificio, se introduce una caja de un tamaño acorde al hueco y un sistema de pesas y poleas de un peso adecuado hacen que la caja suba y baje (y se pare) dentro del hueco a tal efecto realizado.

Es muy importante que el tamaño de la caja sea proporcional al hueco dejado

para el ascensor, ya que si es de un tamaño superior existirían serias dificultades para colocarla dentro del hueco, y si es de un tamaño muy inferior existirían serias posibilidades de que los vecinos se precipitaran al vacío por el hueco, con una probabilidad de partirse los morros directamente proporcional (y en progresión geométrica) a la altura desde la que se llame al ascensor.

También es imprescindible que el sistema de poleas y de pesas tenga el peso (valga la redundancia) adecuado al susodicho aparato. Si utilizamos unas pesas escasas, el ascensor tardará muchísimo en subir y demasiado poco (peligrosamente poco incluso), en bajar. Por el contrario, si las pesas son excesivas ocurrirá justo el fenómeno opuesto, con el riesgo de que el aparato quede aplastado en la terraza del ático entre dos centros de geranios.

Pese a esta sencillez técnica de funcionamiento, mucha gente tiene un pánico atroz a quedarse atrapado en un ascensor, solos, a oscuras y sin que nadie les oiga mientras el tiempo pasa lentamente y van muriendo poco a poco de hambre y sed. Pero hay una cosa muchísimo peor que todo esto: Quedarse atrapado con la pesada de la vecina del quinto taladrándote la oreja con su insoportable conversación.

Si no te queda más remedio que utilizar estos infernales elevadores carentes de todas las comodidades de la vida moderna, pon tus cinco sentidos en alerta máxima para evitar encontrarte en ellos con la temida vecina.

En los edificios hay multitud de vecinos, algunos simpáticos, otros indiferentes y un número bastante elevado de petardos. Todos conviven en precaria paz y armonía, pero de entre todos ellos sobresale con luz propia LA VECINA PETARDA, figura imprescindible en toda comunidad de vecinos que se precie de serlo.

Es un personaje inconfundible, imposible de olvidar y que protagonizará tus más temibles pesadillas una vez que hayas tenido la mala fortuna de compartir con ella sólo sea un breve trayecto.

Por las mañanas es fácilmente reconocible por llevar la cabeza completamente oculta tras un enjambre de rulos rosas o azules (según vaya a hacer o no buen tiempo), una bata de guata y unas zapatillas de felpa. Es una situación de poco riesgo, ya que su atuendo permite identificarla perfectamente antes de entrar en su rango de alcance. No sale de su casa por ningún motivo especial, sino que permanece oculta en las sombras de la portería a la espera de víctimas inocentes que intentan tomar el ascensor.

Las tardes son mucho más peligrosas, ya que suele disfrazarse como una persona normal, y aunque habitualmente podamos reconocerla por su permanente, en los días inmediatamente posteriores a una visita suya a la peluquería se harán inevitables algunos encontronazos hasta asimilar su nuevo look.

Para que no sufras un colapso cardiorrespiratorio en uno de estos desafortunados encuentros, te pasamos a resumir alguna de sus frases favoritas que te disparará durante vuestro viaje en ascensor:

- “Hace buen día hoy, ya se acabó el verano, se nota que los días van siendo más cortos, está el tiempo loco” y frases de temática climatológica acordes con el estado metereólogico del día.

- “¡Cómo sigas creciendo vas a dar en el techo del ascensor!, ¡Eres igualito que tu madre!, ¡Unos van para arriba y otras vamos para abajo!, ¡Qué bonita es la juventud! y una de las más mortíferas: Cuando yo tenía tu edad…(chapa impresionante acerca de sus andanzas juveniles)”

- “A ver si vienes a ver a tu madre más a menudo, que ya ni se acordará de tu cara”. Frase dicha cuando la vecina pertenece a la casa de tus padres y has tenido que soportarla durante toda tu infancia y juventud.

- Sin ninguna duda, la peor de todas, que ha provocado más de una y de dos anginas de pecho, taquicardias y dolores de cabeza, ocurre cuando tú, con tus treinta y dos años recién cumplidos coincides en el ascensor con ese engendro de la naturaleza y con sus santos cataplines te pregunta directamente: “Uyyy que grande estás, ¿En qué curso estás ya en el colegio chiquitín?”. Actualmente ciento cincuenta y seis personas en toda España cumplen condena por asesinato tras escuchar esta frase (Con la eximente incompleta de locura transitoria y enajenación mental)

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