De tarugos institucionales y otra yerbas Compartir



En el blog de txistorradigital han publicado un curioso ensayo: Los tarugos institucionales. Para que no se pierda lo rescato aqui:

a) El tarugo pariente. El más obvio. El tarugo en cuestión proviene de una familia con influencias, una de esas de apellido bien representado desde hace siglos en las instituciones y empresas de la provincia e incluso en su callejero. Una vez que el niño o la niña, tras acabar los estudios con gran esfuerzo económico y moral por parte de sus progenitores, ha demostrado su incapacidad para aprobar unas oposiciones, poner un negocio o conseguir que le prorroguen cualquier contrato de trabajo por cuenta ajena más allá del período de prueba, es decir, una vez que se ha hecho patente su condición de tarugo sin remedio, se empiezan a mover los contactos y se le consigue colocar de asesor de algo o de gerente en alguna empresa pública. Eso sí, para evitar que haga algún chandrío es mejor que viaje mucho por toda Navarra y el resto del mundo y que se nombre un vicegerente bien capacitado para que en sus constantes ausencias lleve adelante la gestión de la empresa. O mejor dos vicegerentes, otro para que acompañe al gerente en sus viajes y lo vigile.

b) El tarugo afiliado. Muy extendido. Lleva años pagando la cuota del partido (del que gobierna, o del que pacta con el que gobierna, da lo mismo), quizás es uno de los fundadores, siempre se ha ofrecido generosamente para ir en las candidaturas aunque le haya tocado en los puestos donde no se saca escaño, ha estado siempre en primera fila de manifestaciones, mitines y asambleas, y siempre ha apoyado ciegamente a la dirección. Además es el líder indiscutible de su agrupación local, ya que en su pueblo los demás afiliados son todavía más tarugos que él. De algún modo hay que pagarle los servicios prestados. Se le busca un cargo con un nombre muy rimbombante pero donde no tenga posibilidades de tomar ninguna decisión.

c) El tarugo con encanto. Incapaz de hacer la o con un canuto pero con gran don de gentes. Cae bien a casi todo el mundo, tiene mucha labia e incluso buena presencia y tirón con el sexo opuesto. Tiene montones de amigos en todas partes. Le ofrecieron su primer cargo porque buscaban alguien bien capacitado para las relaciones públicas. Con el tiempo sus descubridores descubrieron su total ineptitud para desempeñar el puesto; no obstante hizo muchas amistades y pronto le ofrecieron otro puesto mejor donde también se requerían sus habilidades sociales; sus aliviados compañeros le hicieron una bonita fiesta de despedida y volvió a iniciarse un proceso que se repite cada pocos años. Eso sí, con cada cambio ha ido incrementando la retribución.

d) El tarugo que ha alcanzado su nivel de incompetencia. Ya lo explicaba el famoso principio de Peter; en una organización todo el mundo tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia, y llegado a él deja de ascender, con lo cual con el tiempo la mayor parte de los puestos están desempeñados por incompetentes. Nadie es tan tarugo que no sepa hacer algo bien. El tarugo en cuestión entró en la Administración para hacer un trabajo no muy exigente para el que sí estaba capacitado; quizás el único. Antes o después le ascendieron a otro puesto en la errónea suposición de que también sería capaz de desempeñarlo con éxito. Pronto se comprobó que no, que era un auténtico tarugo. Quizás se quedó ahí, porque los ascensos rara vez son reversibles, quien asciende a un incompetente se niega a reconocer su error públicamente. O quizás la cosa fue peor, sus jefes con tal de quitárselo de en medio le volvieron a ascender, lo que Peter denomina “sublimación percuciente” o falso ascenso. Se le paga más para que se lo crea, pero se le quitan responsabilidades para que no moleste.

e) El tarugo útil. En toda organización hay algunos puestos nada deseados que sólo un tarugo es capaz de aceptar. Puestos con funciones desagradables, ficticias o irrelevantes que todo el mundo, menos el tarugo, sabe que se mantienen por razones inconfesables. Porque hay que hinchar el organigrama y fingir que se hacen más cosas de las que se hacen para que no se recorte el presupuesto; porque hay que aparentar que se está ejecutando ese plan que no hay ninguna intención de llevar a cabo; porque hay que tener a alguien que sirva de pantalla para recibir a los afectados por alguna actuación administrativa, tratar con ellos y tenerlos distraídos sin que molesten a la gente que está trabajando de verdad; porque algún día volverá al departamento alguien a quien ofrecieron un cargo no sé dónde y hay que reservarle el puesto. En fin, hace falta un tarugo que se preste al paripé.

f) El tarugo que pasaba por allí. Hay un puesto con funciones de verdad, pero de momento no se puede proveer; hay varios aspirantes capacitados pero están en una situación de bloqueo, cada uno tiene apoyos distintos insuficientes para conseguir el nombramiento pero suficientes para vetar a los demás (y no me refiero a candidatos de distintos partidos; las guerras más crueles suelen ser las fraticidas). Mientras se resuelve la cuestión hay que poner transitoriamente en el puesto a alguien que no se entere de la fiesta y del que se pueda prescindir sin mayores problemas. Cualquier tarugo sirve.
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