Morfología,sintaxis y léxico del idioma pijo Compartir
Marta Galiñanes Gallén ha escrito este interesante artículo serio y reflexivo sobre el idioma pijoteril. Podéis ir a su página para leerlo completo:
a) Morfología y sintaxis.
Seguramente, el rasgo sintáctico que mejor caracteriza a un pijo es el uso de la expresión “o sea”. En español, este marcador textual tiene un claro valor explicativo que se concreta en tres posibles usos. Por una parte un uso reformulativo en el que “o sea” introduce una expresión alternativa a la ya dicha en precedencia; un uso explicitativo donde presenta lo que se puede deducir de la proposición precedente y, para acabar, un uso ponderativo en el que el hablante introduce por medio de “o sea” un juicio que intensifica el expresado por la primera proposición. [5]
En la jerga de los “niños bien”, encabeza una explicación de lo que se ha dicho o una reiteración, al igual que en el español común, pero, muchas veces, cuando aparece, no significa nada de nada ni tiene ninguna función, se ve reducida a una muletilla o se usa como una especie de apéndice suspensivo.
Capítulo especial merecen, en este apartado, las formas apocopadas y las exclamaciones. Al igual que en la jerga juvenil común, el apócope es un fenómeno característico del habla de este subgrupo. Los jóvenes que pertenecen a esta clase social suelen expresar su alegría con la exclamación “¡Qué diver!”, en lugar de “¡Qué divertido!”. Secuencias similares son “¡Qué ilu!”, por “¡Que ilusión!” o “la depre” por “ la depresión”. [6]
También se emplean toda suerte de exclamaciones para expresar la bondad o la excelencia de algo: “¡Qué guay!”, “¡Superguay!”, “¡Chachi!”, “¡Chachi piruli!”, “¡Ideal!”, “¡Megaguay!” y, de un tiempo a esta parte, la exclamación de la palabra inglesa “¡Fine!”.
“¡Yupi!” es otra exclamación atribuida a estos jóvenes. Parece ser que esta forma deriva del inglés jumpy formado a partir del verbo to jump que significa ‘saltar’. El adjetivo jumpy se refiere a algo que salta de improviso y, por extensión, a alguien nervioso o asustadizo. En principio, cuando se exclamaba esta palabra, el hablante brincaba de repente, levantando los brazos, expresando con este gesto su júbilo y la admiración hacia algo sorprendente, divertido, inesperado o fantástico. Puede aparecer en su variante más castellana “¡Chupi!”.
Otra expresión más moderna es “¡Faltaría plus!”, empleada para reforzar una negativa o cualquier acción de rechazo. Esta fórmula es la clásica “¡Faltaría más!” en la que se ha sustituido el adverbio de cantidad por su equivalente latino plus.
También es frecuente la exclamación “¡Yuyu!”, aunque es una expresión que se emplea normalmente con el verbo “dar” (“dar yuyu”). Esta palabra parece ser la consecuencia de la repetición de la interjección “¡Uy!” (“Uy, uy, uy”). Esta exclamación se profiere cuando se espera o se produce algún suceso positivo o negativo. También se usa cuando un acontecimiento está a punto de ocurrir y se frustra en el último instante, por ejemplo, cuando el balón, durante un partido de fútbol, no entra después de un lance en la portería. Cuando aparece en compañía del verbo “dar” significa miedo, repeluz y temor supersticioso. En otros casos, equivale a gafe y a mal de ojo, llegando incluso a tener el valor de depresión y melancolía.
b) Léxico.
Como he dicho con anterioridad, dos son los procedimientos más extendidos para la creación de estas expresiones: la recuperación o variación de palabras o fórmulas en desuso y la adaptación de vocablos extranjeros.
Entre las pertenecientes al primer procedimiento, quizá, la más importante sea “guay”. “Guay” es una palabra muy utilizada por los jóvenes, aunque, poco a poco, ha ido conociendo una ligera decadencia, a diferencia de lo ocurrido en las décadas de los 80 y de los 90 en las que servía para calificar todo. La palabra “guay” es muy antigua y se usaba, en principio, como una exclamación que tenía el valor de un lamento o de una amenaza, sobre todo en la poesía; por extensión, “tener uno muchos guayes” significaba, como nos dice la Academia, “padecer grandes achaques o muchos contratiempos de la fortuna” (I, 1992: 1070). Sólo al finalizar el siglo XX, su significado, debido en parte a su semejanza fonética, coincidió con los significados de la inglesa gay (‘alegre’). De esta manera, en un principio, este adjetivo se aplicaba a lo que era especial, extraordinario o atractivo, para pasar, en un segundo momento, a sustituir a “bueno”, “bonito” o “divertido”. Varias eran las funciones que podía recubrir dentro de la frase; así, se encontraba en función adverbial, como en la expresión “pasarlo guay”, y también como adjetivo aplicado a las personas en “ser un tío guay”. Al ser, seguramente, la expresión más usada por este grupo, sirvió también al resto de la sociedad para calificarlo, creándose de este modo la forma “gente guay” y, posteriormente, “ir de guay”, con un claro valor despectivo. “Ir de guay” encierra los conceptos de irrealidad, de falsa alegría y de falsa bondad, valores que se creía que predominasen entre los pijos, es decir, presenta un significado de mofa y de recriminación de la hipocresía. En la actualidad, la palabra “guay” tiene tantas reminiscencias negativas que los jóvenes llaman de este modo a muchachos adinerados y a los personajes de los que se pone en duda sus valores artísticos o intelectuales.
Otra expresión que aparece con frecuencia es la de “gente bien”. Resulta complejo averiguar con exactitud a qué se refiere este sintagma. Se podría pensar que existe alguna relación con lo que el diccionario define como “gente de bien”, es decir, “personas honradas y de buena intención” [7], pero no es así. La “gente bien” es siempre un grupo social acaudalado, por lo tanto, el hijo de un obrero no será nunca “gente bien”, pero sí podrá ser “gente de bien”. Podemos concluir que en la expresión “gente bien” se ha eliminado un participio adjetivo que dentro de su secuencia, de alguna manera, guarda alguna relación con el poder, con el dinero y el uso que se hace de éstos, por lo que se puede hipotizar que las formaciones originales serían frases del tipo “gente bien educada”, “gente bien vestida”, “gente bien peinada”, “gente bien comida”, etc.
Sin lugar a dudas, el procedimiento mayormente empleado es el de la adopción de vocablos extrajeros, sobre todo provenientes del inglés, que se adaptan a la lengua española y que, incluso, pueden sufrir una serie de cambios semánticos. Una de las expresiones que mayormente caracterizan a este grupo es la de “ser una barbi”. Barbi es la castellanización del nombre de una muñeca infantil, muy famosa en todo el mundo, Barbie. Para conocer exactamente a qué se refiere el hablante cuando señala a una joven llamándola así, es necesario precisar las características de dicho juguete. Se trata de una muñeca, de apariencia esbelta y rubia. No es la imitación de un bebé, sino la imagen de una jovencita, es decir, con esta muñeca las niñas no juegan a ser mamás, sino a ser mujeres. Cuando a esta muñeca se le ponen determinados vestidos de lujo, se llama Barbie Superstar [8]. Pues bien, “barbi” es el apelativo común de la “niña pija” porque, en general, ésta tiene el pelo rubio y su aspecto es delicado y elegante. Además, todo lo vulgar está alejado de su mundo y, sea cual sea su actividad, su indumentaria será siempre impecable y de marca.
Debido al canon de belleza actual, nadie desea estar gordo. La obsesión por el exceso de peso se ha convertido en un grave problema. Esto ha llevado a que las distintas empresas ofrezcan una serie de productos que califican light. Se trata de una palabra inglesa que contiene varios significados (de luminoso, a claro, rubio, pasando por blanco), pero que en este caso significa ‘ligero, suave’, o sea, se trata de productos bajos en calorías que, en teoría, evitan o impiden la acumulación de grasas y cuyo principal problema a lo largo de estos años ha sido y es el de mantener a toda costa el sabor del producto original, algo que no siempre han conseguido. De este modo, light ha adquirido los significados de ‘desvaído, falso y soso’, significados que en la lengua de origen cubría el adjetivo soft. También se emplea con valores semejantes el adjetivo “descafeinado”, que es el distintivo de algunos productos sin cafeína. Ambos dan a entender que el personaje, la situación o el producto en cuestión no tiene las características que se suponen: “La nueva versión de la película es muy descafeinada” o “La novela no contiene escenas fuertes, es muy light”.
Algunas expresiones adoptadas en un primer momento por los “niños bien”, se volvieron en su contra. Es lo que ocurre con la frase “Te lo juro por Snoopy”. Este juramento se utiliza en la actualidad como una expresión burlesca contra contra los pijos, que la emplearon con profusión en los años 90. La expresión ha quedado como símbolo del “pijerío” y la tontería y sólo se repite cuando se desea encuadrar a alguien en el grupo de los frívolos. Snoopy, como todos sabemos, es el famoso personaje del famoso dibujante Charles Schulz, personaje muy querido, sobre todo por las “barbi”. Su nombre deriva del inglés to snoop, ‘fisgonear’.
Termino este trabajo comentando una de las expresiones más novedosas: “Ser algo fashion”. Fashion es voz inglesa que significa ‘moda o manera’. El uso de esta palabra en castellano parece haber variado la categoría morfológica de la misma; en inglés es un sustantivo -también un verbo, to fashion, ‘formar, hacer, adaptar, forjar’-, pero en español es un adjetivo; de este modo, unas gafas son fashion, un traje es muy fashion, y unos zapatos pueden ser muy poco fashion. Por tanto, esta palabra equivaldría a “moderno, de moda” o “actual, con estilo”. En ocasiones, también se aplica a personas, sustituyendo a la forma comentada anteriormente “guay”: “Pepito es muy fashion”.
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